Una versión movida¡¡ bien brasileña

Entrevista Claudio Naranjo

l pasado 24 de octubre, Claudio Naranjo dio una charla en el Centre de Cultura Contemporánea de Barcelona sobre las etapas del desarrollo del ego a través de un clásico taoísta, los episodios del viaje del Rey Mono, compuesto por Wu Cheng en el siglo XVI.
Nosotros aprovechamos la ocasión para entrevistarle acerca del camino interior y las herramientas a nuestro alcance para la transformación personal.
Claudio es ampliamente conocido como uno de los personajes más relevantes del movimiento humanista, pionero de la Psicología Transpersonal y vocero de un nuevo chamanismo. Es fundador del Instituto SAT para la Formación Integrativa de agentes de cambio. Entre sus trabajos cabe destacar la difusión del Eneagrama con diferentes libros publicados: "Gestalt sin fronteras", "Carácter y Neurosis", "La Agonía del Patriarcado".


CLAUDIO: Me piden que hable de la transformación no sólo como se la entiende en psicoterapia, que es sanar de cosas que molestan, que duelen; sino en la implicación espiritual, que es el pasar de un estado común y corriente, digamos del estado en el que la mayor parte de la gente se encuentra, a una condición de conciencia más amplia, más extendida.

Me parece interesante el planteamiento porque creo que hay círculos a los cuales la terapia todavía no llega, como una cosa muy interesante. Y debe haber círculos, me imagino, en los que está un poco desprestigiada.

Hablar del camino, de la transformación, de la elevación de la persona a otra condición, es algo en lo que uno no puede dejar de interesarse. Porque se puede decir que nacemos con un anhelo espiritual, con un anhelo de transformación que alguna gente siente como un llamado a sanar. Hay personas que sienten como un apretón del dolor. Eso son cosas que suceden típicamente a los chamanes, que son los primeros maestros espirituales del mundo. Ellos no son llamados por una voz sublime que les dice «ven hacia acá que te daré sabiduría». La vocación chamánica es un no poder aguantarse más de lo que, visto con nuestros ojos, sería enfermedad. Son enfermos que se reconocen como tales y por eso pasan a otra condición.

Desconfío un poco de formas de espiritualidad que se plantean como ajenas a la psicoterapia, porque hay una tentación de decir «a mí me interesa el espíritu, pero no me interesan esas cosas que le pasaron a uno de niño, no me interesan las vicisitudes de la vida familiar». Hay un peligro en la espiritualidad que no toca el dolor, que quiere solamente lo bueno. En cambio es tal vez menor el peligro para la persona que se mete en el dolor, porque si se abre la vieja herida y realmente se sana de eso, se queda en una condición más receptiva a otras cosas que llegan después, cuando uno ya tiene energía psicológica liberada para "cosas", digamos, superiores.

Es cierto que la terapia, como todas las cosas, entra en un mundo humano en el que hay gente que lo hace bien y gente que no lo hace tan bien. Hay personas que tienen la vocación o la necesidad, o que han atravesado por el proceso interno que les permite, a través del conocimiento de sí mismos, entender verdaderamente al otro.

La psicoterapia de hoy pasa por escuelas, pasa por un sistema académico, no pasa lo suficiente por este proceso interno; como en los mitos en que el héroe es partido en pedacitos y se lo echa en la olla a cocer antes de que salga renovado y renacido. Hay gente que no se mete suficientemente como para entender las cosas desde su vida, sino que aprende técnicas, aprende teorías. Y una persona que no lo ha hecho como los viejos chamanes, que no se ha metido personalmente, que no ha partido siendo un buscador, (añadiendo un interés personal al interés profesional), no puede ofrecer lo mismo. Y eso es lo que forma las escuelas hoy en día. Yo creo que hay un público ahí un poco traicionado. Un público que va al psicólogo, o padres que mandan al niño al psicólogo, y terminan diciendo «mejor no meterse con esta gente».


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El versículo omitido

El término “Hijo de Dios” aparece en el Zóhar, pero se refiere a todos y cada uno de quienes dominan el arte de hacer milagros. El Zóhar explica que cuando alguien alcanza este nivel del ser: “No hay separación entre el Hijo y el Padre. Ellos son uno. Y todos los tesoros de la casa del Padre están a la disposición del Hijo”. La mayoría de las traducciones modernas del Zóhar misteriosamente omiten estas frases porque son muy poderosas. Te las recuerdo porque es momento de recordar tu potencial.



"Todos somos hijos de D's en términos de tener la capacidad de hacer milagros. pero es una capacidad que puede concretizarse al llevar un camino y hacer la pega interna de mirarse y tratar de ser mejor. y es una pega dura y para toda la vida, pero que para mi gusto vale la pena. Mientras alcanzamos estados de mayor iluminación y comprensión... seguimos siendo todos hijos e hijas de D's y la tierra, a la cual todo tenemos derecho... sabes porque? porque todos tenemos derecho a amar y eso es solo posible si tenemos un lugar, un espacio, un cobijo, un pedazo de tierra donde existir como ser humano válido.
Por eso es que yo le digo si a Bolivia, si a los Mapuches, si a los Rapanui, si a Palestina.
por eso le dije y le diré siempre NO a Pinochet y a Hitler, que repito son, en esencia, la misma cosa (por no decir la misma mierda), en distinto tiempo, país y NUMERO de almas tomadas... y es que se olvidaron que podían ser hijos de D's y quisieron MAS QUE ESO; ser él. "

Mi yermanela Adela Nahmias.
GRACIAS POR ESTAS PALABRAS



La última sorpresa del místico chino

La risa es eterna, la vida es eterna, la celebración continúa. Los actores cambian, pero la obra continúa. Las olas cambian, pero el océano continúa. Te ríes, cambias —y otra persona ríe—, pero la risa continúa. Celebras, alguien más celebra, pero la celebración continúa. La existencia es continua, es un continuum. En ella no hay ni un momento de discontinuidad. Ninguna muerte es muerte, porque cada muerte abre una nueva puerta; es un principio. La vida no tiene fin, siempre hay un nuevo principio, una resurrección. Si cambias tu tristeza por la celebración, también serás capaz de transformar tu muerte en una resurrección. Por tanto, aprende el arte mientras aún queda tiempo.

He oído hablar de tres místicos chinos. Nadie sabe sus nombres, y nadie los supo nunca. Se les conocía únicamente como los «Tres Santos Rientes», porque nunca hacían nada más; simplemente se reían.

Estas tres personas eran realmente hermosas: se reían, y su vientre temblaba. Su risa era contagiosa y los que la oían también se ponían a reír. Todo el mercado se ponía a reír. Cuando unos minutos antes había sido un lugar feo, donde la gente sólo pensaba en el dinero, de repente llegaban los tres locos y cambiaban todo el ambiente. La gente olvidaba lo que había venido a comprar y a vender. A nadie le importaba la avaricia. Durante unos segundos se abría un nuevo mundo.

Se movían por toda la China, de un lugar a otro, de pueblo en pueblo, ayudando a la gente a reír. La gente triste, la gente enfadada, la gente avarienta, la gente celosa: todos se ponían a reír con ellos. Y muchos se daban cuenta de la clave: puedes ser transformado.

Entonces ocurrió que, en uno de los pueblos, uno de ellos murió. La gente del pueblo se reunió y dijo: —Ahora habrá problemas. Ahora veremos si se siguen riendo. Su amigo ha muerto; deben ponerse a llorar.

Pero cuando llegaron, los dos estaban danzando, riéndose y celebrando la muerte. La gente del pueblo dijo: —Esto es demasiado. Cuando una persona muere, reírse y danzar es profano.

—Toda la vida nos hemos reído con él —dijeron ellos—, ¿cómo vamos a despedirle con otra cosa? Tenemos que reírnos, que disfrutar, que celebrar. Éste es el único adiós posible para un hombre que se ha reído toda su vida. No nos parece que esté muerto. ¿Cómo puede morir la risa, cómo puede morir la vida?

Entonces había que quemar el cuerpo y la gente del pueblo dijo: —Le bañaremos como prescribe el ritual. Pero sus amigos contestaron: —No, nuestro amigo ha dicho: «No realicéis ningún ritual, no me cambiéis de ropa ni me deis un baño. Simplemente ponedme en la pira tal como estoy». Tenemos que seguir sus instrucciones.

Y entonces, de repente, se fraguó un gran acontecimiento. Cuando el cuerpo se puso al fuego, el anciano realizó su último truco. Había ocultado muchos cohetes y fuegos artificiales bajo su ropa y ¡de repente hubo un festival! Todo el pueblo se puso a reír. Los dos amigos locos se pusieron a danzar y todo el pueblo les siguió.

No era una muerte, era una nueva vida.

NO-MENTE

NO-MENTE
Lo definitivo y lo inexpresable

Tu ser interno no es otra cosa que tu cielo interno. El cielo está vacío, pero el cielo vacío lo contiene todo, toda la existencia, el sol, la luna, las estrellas, la tierra, los planetas. El cielo vacío da espacio a todo lo que es, forma el trasfondo de toda la existencia. Las cosas vienen y van, y el cielo sigue siendo el mismo.
Exactamente de la misma forma tienes un cielo interno, que también está vacío. Las nubes vienen y van, los planetas nacen y desaparecen, las estrellas surgen y mueren, y el cielo interno permanece igual, intocado, inmaculado, íntegro. A ese cielo interno lo llamamos sakshin, el testigo, y es el objetivo de toda meditación.
Entra y disfruta del cielo interno. Recuerda: no eres ninguna de las cosas que puedes ver. Puedes ver los pensamientos, entonces no eres los pensamientos; puedes ver los sentimientos, entonces no eres los sentimientos; puedes ver los sueños, los deseos, los recuerdos, las imaginaciones, las proyecciones, entonces no eres nada de eso. Sigue eliminando todo lo que puedas ver. Entonces, un día llega el momento tremendo, el momento más significativo de la vida, cuando no queda nada que rechazar. Todo lo visto desaparece y sólo queda el que ve. Y el que ve es el cielo vacío.
Saber es no tener miedo, y saber es estar lleno de amor. Saber es ser Dios, es ser inmortal.

No hay manera de contaminar el cielo, de dejar impresiones en él, de dejar huellas. Podemos dibujar líneas en el agua pero, en cuanto las hacemos, desaparecen; si las hacemos sobre piedra durarán miles de años. Simplemente no podemos dibujar líneas en el cielo, por tanto, ni siquiera nos planteamos la cuestión de su desaparición. Por favor, entended esta diferencia. No podemos dibujar líneas en el cielo: puedo mover mi dedo por el cielo: el dedo pasa, pero no dibuja ninguna línea y ni siquiera surge la cuestión de su desaparición.
El día que una persona va más allá de la mente, cuando su conciencia transciende la mente, experimenta que, al igual que en el cielo, hasta el momento no se han dibujado líneas en el alma. Es eternamente pura, eternamente iluminada, la polución no le ha afectado nunca.

El cuerpo el portavoz

Bien sabía él que la iba a echar de menos
pero no hasta qué punto iba a sentirse deshabitado
no ya como un veterano de la nostalgia
sino como un mero aprendiz de la soledad.

Es claro que la civilizada preventiva cordura
todo lo entiende y sabe que un holocausto
puede ser ardua pero real prueba de amor
si no hay permiso para lo imposible.

En cambio el cuerpo
como no es razonable sino delirante
al pobrecito cuerpo
que no es circunspecto sino imprudente
no le van ni le vienen esos vaivenes
no le importa lo meritorio de su tristeza
sino sencillamente su tristeza.

Al despoblado desértico desvalido cuerpo
le importa el cuerpo ausente / o sea le importa
el despoblado desértico desvalido cuerpo ausente
y si bien el recuerdo enumera con fidelidad
los datos más recientes o más nobles
no por eso los suple o los reemplaza
más bien le nutre el desconsuelo.

Bien sabía él que la iba a echar de menos
lo que no sabía era hasta qué punto
su propio cuerpo iba a renegar la cordura.

Y sin embargo cuando fue capaz
de entender esa dulce blasfemia
supo también que su cuerpo era
su único y genuino portavoz.

El amor y el psicoanalisis

Las coordenadas del psicoanálisis nos permiten vislumbrar una dimensión inédita del amor, desde el principio del trabajo analítico hasta el final.

Al comienzo se tropieza necesariamente con lo que Freud denominó amor de transferencia; al final emerge aquello que Lacan llamó un amor sin límites. En el medio, el amor a la pareja, a los hijos, a los otros; pero también el odio, los celos, las envidias, las infidelidades, tanto como las soledades, le permiten al sujeto poner en juego aquello que Lacan denominó la comedia de los sexos, y que en oportunidades deviene en tragedia. El trabajo analítico permitirá cavar un vacío en donde el sujeto pueda transmitir algo de su imposibilidad de completar al Otro, dando lugar a la posibilidad de la invención.

Estos temas, entre otros, serán puntos de partida para explorar cómo un sujeto puede amar, desear y gozar.

Si algo se aprende con el psicoanálisis es a preservar el lugar del vacío. Un vacío que busca ser tapado, a veces, con la cuestión del amor. Plantear, como lo ha hecho Lacan, que el amor es vacío es una forma de denunciar los espejismos, a la vez que captar una dimensión del amor que suele permanecer aplastada. Los psicoanalistas, estamos, entre algunas otras cuestiones que pueden llegar a valer la pena, para devolverle esa posibilidad al sujeto.

Fuente: pincha aqui

terminó año escolar¡¡¡




Vendo mi auto Yaris automático año 2001, revisión técnica al día.







Todo es para bien...

"Gam zu letovah".Todo es para bien.
El ser humano es un espectador de las circunstancias. La verdadera actividad nace de la paz y la armonía. De una madurez y no de la lucha ciega y sin sentido. Debemos encontrar el mensaje a los hechos.